El momento complejo de la Universidad Nacional

Son tiempos muy complejos para la Universidad Nacional de Colombia.

Si bien cada época tiene sus afanes, sus logros y sus dificultades, muchos creemos que la Universidad vive una crisis profunda, calculada y desarrollada en las últimas dos décadas. Eran los tiempos del primer gobierno Uribe. En cumplimiento de su plan de gobierno, se inició lo que se llamó la Revolución educativa, que no fue otra cosa, a mi juicio, que un proceso sistemático para volver trizas los desarrollos educativos de la década anterior, relacionados con la constitución de 1991 y sus corolarios, entre ellos la Ley 115, General de educación. Como una aplanadora, las reformas avanzaron en todo el país, en todos los niveles, y pareció que sólo quedaba el último bastión de resistencia: la Universidad Nacional, que se resistía, entre otras cosas, y por citar sólo un ejemplo, a entrar en los procesos oficiales de acreditación, insistiendo en generar un proceso propio, en uso de la autonomía universitaria.

Eran los tiempos de Víctor Manuel Moncayo en la rectoría y, luego de Leopoldo Múnera en la vicerrectoría de la Sede Bogotá. No por casualidad, ambos están siendo protagonistas en el debate actual sobre la designación fraudulenta de un rector en la Universidad. Comparto dos artículos escritos para el periódico Desde Abajo en los que planteo mis perspectivas del problema: desde el interior y hacia el exterior.

Solamente agrego una imagen: en esos tiempos de comienzos de siglo, la resistencia de un sector de la comunidad universitaria a las reformas ortodoxamente neoliberales que se planteaban, y que terminaron imponiéndose, fue de todas maneras muy fuerte; me pareció que la opción del gobierno de entonces fue la de dar a la universidad trato de casa de conservación. Me explico: en ocasiones, cuando el propietario de una casa de conservación arquitectónica quiere hacer negocio con ella desvirtuando su naturaleza, pero la ley se lo impide, opta por simplemente cerrarla, no darle mantenimiento y dejar que se vaya deteriorando sola, hasta que termine amenazando ruina; finalmente, el avanzado deterioro no tiene solución y las autoridades se ven forzadas a autorizar su demolición.

Algo similar ha sucedido en los últimos veinte años en la Universidad Nacional de Colombia. Pero se abre una posibilidad para detener ese deterioro y replantear el rumbo.

Y eso es tarea de todos y todas, porque la universidad no pertenece a una aristocracia definida así por ella misma, al punto de asegurar que ella es la democracia, la institucionalidad y la autonomía de la universidad,. La Universidad de la Nación es de y para todas y todos.

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