Corría el año 2006.
Después de un tiempo amplio de diseño, gestión, preparación e introducción, iniciaba labores el doctorado en Arte, Arquitectura y Ciudad, bajo la coordinación de Amparo Vega, en la Facultad de Artes de la Universidad Nacional, Sede Bogotá. Aunque me interesaba mucho el asunto y había participado en los seminarios previos que se programaron, dudaba de si, a esas alturas de la vida, me decidiría a inscribirme.
Finalmente, tomé la decisión, recogí todos mis intereses (arte, historia, experiencia, enseñanza, política, consciencia…) y armé un proyecto alrededor de las necesidades más apremiantes: en primer lugar, Indagar acerca de la historia de la Escuela Nacional de Bellas Artes de Colombia, tema cuya ignorancia me parecía un problema gravísimo para nuestras actividades como estudiantes, profesores y profesionales de las artes; a eso se articulaba el interés por profundizar en la historia de la educación artística en Colombia (siempre el gran interés -seguramente heredado de mi madre- por la historia) y, un poco más allá, la fuerte intuición de que esos temas determinaban un rumbo particular para la reflexión del sentido político de la práctica artística.
No recuerdo en este momento el título que puse al proyecto en su etapa más inicial; cuando llegó el momento de sustentarlo tenía el nombre Consolidación de la enseñanza universitaria del Arte como fuente de autoridad para la práctica del arte en Colombia, el cual tenía olvidado hasta el momento en que escribo este comentario y visto a la distancia, no está nada mal. Con el tiempo, pasaron ocho años, se terminó llamando La Escuela Nacional de Bellas Artes de Colombia y su fusión a la Universidad Nacional de Colombia . Discursos de cuatro momentos fundacionales (1886-1993). La verdad es que nunca estuve seguro de qué título darle; normalmente no tengo mucho problema con los títulos pero con este trabajo siempre tuve dudas y por eso quedó con ese largo título que tiene la ventaja de ser muy descriptivo.
Esa tesis se terminó en año 2013 y se sustentó iniciando el año 2014. En enero pasado se cumplieron diez años de eso. Fue la primera tesis de ese nuevo doctorado. Los jurados recomendaron su publicación. La historia es larga, digamos solamente que el proceso tomó todo este tiempo. En un texto que he escrito para su lanzamiento digo esto: «Diría el sentido común que un libro que se publica diez años después de cerrada su investigación debería, o ser revisado estructuralmente, o, simplemente, no ser publicado, habiéndose perdido su vigencia. Pero cuando vuelvo a leerlo, siento como si el tiempo no hubiera pasado, que podría haber sido escrito esta mañana. Y me digo: esto es Colombia. Que los problemas aquí denunciados siguen siendo los mismos; incluso, que se han agravado; que este estudio sigue siendo tan necesario como el primer día, como lo habría sido una década antes. Y eso tiene las dimensiones de una tragedia colectiva.»
Terminando el libro, que no tiene las dimensiones de la tesis, a la que llamo cariñosamente «mi pequeño monstruo», de más de ochocientas páginas en dos volúmenes a espacio sencillo, síntesis -el libro- de lo que en su momento consideré lo esencial del planteamiento, al fin encontré un título: Arte, Academia y legitimidad, aunque sigue teniendo todo lo demás, esta vez como subtítulo. Sólo diré en este momento que para mí es, en el fondo, como un gran fresco sobre las relaciones entre el arte y el poder y por eso habla a toda persona viva en este momento, no solamente a las artistas o profesoras.
También debería aclarar que, después de esta investigación, el trabajo ha continuado, he hecho otras indagaciones y actualmente profundizo en algunos temas muy importantes que están apenas esbozados en el trabajo original. Estas observaciones más recientes me confirman lo relativo lo que digo más arriba: no es que no hayan cambiado ciertas circunstancias en estos diez últimos años; en realidad, se han agravado y mucho. Muestra de ello es nivel de cinismo que han alcanzado las instancias del poder académico en esta época declaradamente neoliberal, al punto de que llegan incluso a destruir las más valiosas tradiciones académicas a nombre de la «autonomía universitaria», como lo evidencia la indecencia del procedimiento para designación de rector en la Universidad Nacional en estos días*.
En fin, siempre será una linda ocasión presentar al público algo que uno ha hecho y que honradamente piensa que merece ser compartido. Y ese amor, y esa belleza nadie podrá quitárnosla nunca, ni esa alegría de compartirlos.
El próximo miércoles 24 en la Filbo a las 2:00 pm en el stand de la Universidad Nacional, este libro tendrá sus quince minutos de fama.
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*incluyo aquí un pequeño artículo que me encargó el periódico desde abajo sobre el tema.


